miércoles, 18 de agosto de 2010


Renunciando en 1827, se exilió en Europa, regresando a Buenos Aires en 1834 para enfrentar los cargos que le atribuían sus enemigos políticos. Sentenciado a un exilio inmediato, fue primero a Brasil y luego a España falleciendo en la ciudad de Cádiz el 2 de Septiembre de 1845. Sus restos fueron repatriados en 1857.
En 1811 dominó el triunvirato - organizando el ejército, terminando con las cortes españolas, liberando a la prensa de la censura, y terminando con el tráfico de esclavos.
Después de haber estado 6 años en Europa, regresó a Buenos Aires, en 1821, donde fue designado Ministro del Gobierno de Martín Rodríguez y, en 1826, fue electo presidente de las Provincias Unidas. En Europa conoció y fue fuertemente influenciado por Jeremy Bentham, French Utopians Henri de Saint-Simon and Charles Fourier. Adoptando algunas de sus ideas, Rivadavia, organizó el Parlamento y un sistema de justicia, y apoyó la legislación que aseguraba la libertad de prensa y los derechos de la propiedad individual. También abolió las cortes eclesiásticas. Sus esfuerzos por aumentar la inmigración no tuvieron éxito. Sus iniciativas culturales fueron posiblemente sus últimos logros: fundó la Universidad de Buenos Aires, apoyó el establecimiento de museos y agrandó la Biblioteca Nacional.A pesar de estos logros, el gobierno de Rivadavia estuvo siempre con problemas. Envuelto en una guerra con Brasil por la posesión de un territorio que luego sería Uruguay, Rivadavia fue obligado a continuar con el conflicto porque el pueblo argentino se negó a aceptar el tratado a través del cual se le daba hegemonía a Brasil sobre esa área. También se vio envuelto en problemas constante con los poderosos caudillos provinciales, de quienes no logró conseguir que aceptaran la Constitución centralista de 1826.

jueves, 5 de agosto de 2010

Llegó a la capital española en mayo de 1816; cuando el ministro Cevallos le pidió que expusiese las proposiciones de que era portador se hizo evidente que Rivadavia sólo contaba con instrucciones demasiado vagas para servir de base a una negociación. Como consecuencia de ello fue dictada una orden de expulsión contra su persona; pasó entonces a desempeñar el cargo de diputado de las Provincias Unidas ante el gobierno de Paris. En mayo de 1821, de vuelta en Buenos Aires, pasó Rivadavia a ocupar el ministerio de interior y relaciones exteriores y desarrolló una intensa acción progresista. Fueron suprimidos los cabildos y para sustituirlos se crearon comisarios de ciudad y campaña y se organizó la justicia de paz y de primera instancia. Una ley instituyó en la provincia el sufragio universal directo de todos los varones libres mayores de veinte años. Otra ley, llamada de olvido, permitía el retorno a la provincia de los desterrados por causas políticas. La reforma eclesiástica, que suprimía el fuero personal de los sacerdotes y el diezmo, tuvo partidarios aun en el seno del clero, pero también enconados adversarios, que en 1822 a 1823 urdieron sin éxito conspiraciones para derrocar al gobierno. En agosto de 1821 se inauguró la Universidad de Buenos Aires. En 1823 se fundó el Colegio de Ciencias Morales. Estas medidas fueron complementadas por otras económicas. Concluido el gobierno del general Rodríguez, Rivadavia pasó a Europa, como delegado extraordinario ante Francia y Gran Bretaña. En Londres, concertó un tratado de amistad, comercio y navegación.Al regresar Rivadavia de Europa, el congreso lo designó presidente de la nación (febrero de 1826). Al día siguiente el presidente enviaba al congreso un proyecto de ley por el cual la ciudad de Buenos Aires, con una vasta zona rural, era colocada bajo la administración de las autoridades nacionales. El resto de la provincia tato se constituyese en provincia separada, sería también colocado bajo las mismas autoridades. El proyecto fue aprobado y el 7 de marzo el gobernador Las Heras, destituido, se alejaba a Chile. Rivadavia triunfaba, pero perdía muchas simpatías en Buenos Aires y el interior. La provincia de Córdoba , en signo de protesta, anuló los poderes de sus diputados al congreso. Este proseguía mientras tanto elaborando la constitución. En junio de 1825 había consultado alas provincia acerca de la forma de gobierno que preferían: seis por la federación y el resto remitió la decisión al congreso. La mayoría unitaria de éste se creyó autorizada a elaborar una constitución que reflejase sus puntos de vista. La constitución, aprobada por los diputados en diciembre de 1826, fue mal recibida por los gobernadores. Por otra parte desde 1825 ensangrentaba el norte del país una guerra civil entre federales y unitarios. En esas condiciones era imposible continuar la guerra con Brasil: la victoria en Ituzaingó (19 de febrero de 1827), del general Alvear, fue desaprovechada por falta de recursos para proseguir la ofensiva. Manuel José García firmó en Río de Janeiro una convención preliminar que cedía al Brasil la Banda Oriental. La convención fue rechazada por el congreso (21 de junio). Al día siguiente era aceptada la renuncia de Rivadavia. El régimen unitario se derrumbaba. Rivadavia pasó a Paris. En 1834 intentó volver a su patria, pero le fue vedado el desembarco. Se estableció en el Uruguay hasta que en 1836 Oribe, por instigación de Rosas, lo desterró a Santa Catalina (Brasil). Pasó luego a Cádiz, donde llevó hasta su muerte una existencia modesta
Estadista argentino nacido en Buenos Aires de una acaudalada familia (1780-1845). Siguió estudios en la escuela de Rey y en el colegio de San Carlos. No alcanzó a cursar los universitarios. Durante las invasiones inglesas combatió con grado de capitán. Fue luego designado alférez real del Cabildo. En la asonada del primero de enero de 1809 apoyó al virrey Liniers y luego casó son la hija del virrey del Pino. Pese a ello, abrazó con fervor la causa revolucionaria. En 1811 fue designado secretario de gobierno y relaciones exteriores del primer triunvirato. Como tal, desplegó una gran energía, sobre todo en la represión de la conspiración de Alzaga, destinada a restablecer el régimen español.En 1814 fue designado junto con el general Belgrano para realizar gestiones diplomáticas en Europa: la revolución rioplatense parecía amenazada, y se creía necesario adaptarla al orden monárquico restaurado tras de la caída de Napoleón. Llegaron a Londres en mayo de 1815, y allí se reunieron con Sarratea, agente oficioso de las Provincias Unidas en Europa. En ese momento Napoleón había vuelto a apoderarse del trono francés, y los comisionados emprendieron negocios con Carlos IV, al que se suponía próximo a ser restaurado en el trono de España. Las negociaciones iban encaminadas a crear en Buenos Aires una monarquía y coronar rey al infante don Francisco de Paula, hijo de Carlos y hermano de Fernando. La caída de Napoleón hizo impracticable el plan. Belgrano emprendió el regreso a Buenos Aires y quedó a cargo de Rivadavia el intentar negociaciones con la corte de Madrid.

jueves, 15 de julio de 2010



Rivadavia se retiró definitivamente de la vida pública. En 1829 parte hacia Francia, dejando a su familia en Buenos Aires. En Paría vuelve a su oficio de traductor. Pasan por sus manos "La Democracia en América" de Tocqueville; "Los viajes" y "El arte de criar gusanos de seda" de Dándolo. En 1834 decide regresar a Buenos Aires. Pero el gobierno de Viamonte le impide desembarcar. Su mujer y su hijo Martín, que lo esperaban en el puerto, suben al barco y se suman al exilio de Rivadavia. Los hijos mayores, Benito y Bernardino, tienen otros planes: se han sumado a la causa federal y están luchando para que Juan Manuel de Rosas asuma definitivamente el poder.
Los Rivadavia se instalan primero en Colonia y luego pasan a Brasil. Allí, tras un accidente doméstico, murió Juanita del Pino en diciembre de 1841. Martín volvió a Buenos Aires a unirse a sus hermanos y Rivadavia decidió a fines de 1842 partir hacia Cádiz, donde se instaló junto a dos sobrinas, en una modesta casa del barrio de la Constitución. Tenía sesenta y cinco años cuando hizo modificar su testamento al advertir que sus sobrinas le estaban robando la poca plata labrada que le quedaba. El 2 de septiembre de 1845, pocos días después de este episodio, murió pidiendo que su cuerpo "no volviera jamás a Buenos Aires". Sin embargo sus restos fueron repatriados en 1857 y desde 1932 descansan en el mausoleo levantado en su honor en Plaza Miserere.
Rivadavia suprimió los Cabildos, último resabio de la organización política colonial, y estableció una novedosa ley electoral que incluía el sufragio universal, con las limitaciones propias de la época. La nueva ley establecía que tenían derecho al voto
todos los hombres libres nativos del país o avecindados en él mayores de 20 años, pero sólo podían ser elegidos para los cargos públicos los ciudadanos mayores de 25 "que poseyeran alguna propiedad inmueble o industrial".
Por iniciativa de Rivadavia, el gobierno contrató en 1824, un empréstito con la firma inglesa Baring Brothers por un millón de Libras.
El empréstito se contrataba con el objetivo de crear pueblos en la frontera con el indio, fundar un Banco, construir una red de agua y un puerto. Los gestores fueron: Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson y en su conjunto se llevaron 120.000 Libras del monto total del crédito en carácter de comisión
En su discurso de asunción decía Rivadavia: "La provincia de Buenos Aires debe plegarse sobre sí misma, mejorar su administración interior en todos los ramos; con su ejemplo llamar al orden los pueblos hermanos; y con los recursos que cuenta dentro de sus límites, darse aquella importancia con que debía presentarse cuando llegue la oportunidad deseada de formar una nación."
Sancionó e hizo jurar el 19 de diciembre de 1811, el Estatuto, por el cual el Triunvirato se transformaba en la autoridad máxima, disolviendo la Junta Grande. Esto provocó un gran descontento en el interior y le dio un carácter autoritario al Triunvirato. La llegada de San Martín y Alvear a Buenos Aires, en 1812, y la creación de la Logia Lautaro, se convirtieron en un escollo para el poder de Rivadavia, al que se sumaría la palabra y la acción de Bernardo de Monteagudo desde de la Sociedad Patriótica. Todos estos elementos, sumados a las sucesivas derrotas militares sufridas por los ejércitos patriotas, precipitaron los acontecimientos y provocaron la "revolución" del 8 de octubre de 1812, el primer golpe de estado de la historia argentina. Ese día, las tropas de San Martín y otros cuerpos militares, se hicieron eco del descontento popular y derrocaron al primer Triunvirato, reemplazándolo por otro, afín a las ideas de la Logia y la Sociedad Patriótica, compuesto por Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso y Antonio Alvarez Jonte.
Tras esta derrota, Rivadavia desapareció por dos años de la escena política, hasta que el Director Supremo, Gervasio Posadas, le encargó en 1814 junto a Manuel Belgrano una misión diplomática en Europa, con el objeto de obtener apoyos para la revolución. El fracaso de la misión fue rotundo. Belgrano regresó en 1816, pero Rivadavia permaneció en Londres hasta 1820.
En Europa tomó contacto con círculos intelectuales, políticos y económicos de España e Inglaterra que le proporcionaron gran parte de su formación y le aportaron importantes contactos que le serían muy útiles en los años venideros.
Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino, nació en Buenos Aires el 29 de mayo de 1780. Inició sus estudios en el Colegio de San Carlos en 1798 donde cursó Gramática, Filosofía y Teología, pero no se graduó en ninguna de estas materias, abandonando los estudios en 1803.
Durante las invasiones inglesas. Se incorporó a las milicias con el grado de Capitán en el cuerpo de "gallegos" donde tuvo una destacada actuación. El 14 de agosto de 1809, a los 29 años se casó con una joven muy distinguida de la sociedad porteña: Juana del Pino y Balbastro, hija del octavo virrey del Río de la Plata, Joaquín del Pino. El matrimonio Rivadavia se muda a la calle Defensa 453 donde nacerán sus cuatro hijos: Benito, Constancia, que morirá a los cuatro años, Bernardino y Martín.
Rivadavia participó del Cabildo Abierto del 22 de Mayo y votó contra la continuidad del virrey. Pero no tuvo un rol protagónico en los sucesos de mayo. En el enfrentamiento entre saavedristas y morenistas, tomó partido por estos últimos. Cuando tras meses de enfrentamientos el 22 de setiembre de 1811 fue creado el primer Triunvirato, integrado por Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel de Sarratea; Rivadavia fue nombrado Secretario de Gobierno y Guerra. En el Triunvirato la personalidad política de Rivadavia se impuso desde el primer momento y se tornó protagónica. No pocos compararon al triunvirato con los tres mosqueteros que eran tres pero eran cuatro y el cuarto era el más influyente de todos.

Durante el período de su presidencia (1826-1827) también hizo frente a la guerra con el Brasil, provocada por las rivalidades en el Uruguay; aunque muchos veteranos de la guerra de la independencia estaban dispuestos a luchar, la guerra fue poco popular y Rivadavia envió a Manuel José García para que negociara la paz; este último se excedió en sus instrucciones y comprometió la posición argentina causando graves problemas a Rivadavia, quien inmediatamente repudió la acción de García; para ese entonces, Rivadavia había acumulado mucha oposición y hasta odios; personalmente, nunca había gozado de popularidad y había enfrentado a líderes como José de San Martín y Juan Martín de Pueyrredón por cuestiones personales; muchos unitarios de las provincias no estaban de acuerdo con su insistencia en el predominio de Buenos Aires y los federales se oponían a esto y a la centralización del gobierno por la Constitución de 1826, que fue firmada pero no ratificada; los católicos se sintieron agraviados por su política religiosa; Tucumán, a las órdenes de Facundo Quiroga, ya había reaccionado y, bajo el lema de "Religión o Muerte", había vencido a las fuerzas pro Rivadavia en Catamarca, San Juan y Santiago del Estero; en 1827, la provincia de Buenos Aires se enardeció por la federalización de la ciudad de Buenos Aires que provocó que aquélla perdiera la capital y el dominio del puerto nacional.Finalmente en julio de 1827, Rivadavia renunció como presidente y se retiró a su finca en el campo y luego en 1829, alejado definitivamente de la política, partió hacia España; intentó regresar en 1834 pero no le permitieron desembarcar (es bastante irónico que su único defensor en ese momento fuera Quiroga); luego de una breve estadía en Uruguay y una más prolongada en Río de Janeiro, se trasladó a Cádiz, España, donde vivió modestamente y murió en la pobreza; en 1857, sus restos fueron traídos a Buenos Aires y enterrados el 4 de septiembre en el cementerio de la Recoleta con gran ceremonia, en la que participaron Mitre, Sarmiento y Mármol; en 1932 se trasladaron sus cenizas a un mausoleo construido en su honor en la plaza Once de Septiembre (antes llamada Miserere) en Buenos Aires. La evaluación de la contribución de Rivadavia al desarrollo argentino es un tema aún polémico entre los historiadores como lo fue entre sus contemporáneos; los argentinos unitarios y liberales, como otros estudiosos occidentales, lo consideran una persona con visión, un arquitecto de la nación, aduciendo que la República Argentina se desarrolló sobre los lineamientos proyectados por Rivadavia y que Buenos Aires se federalizó y se convirtió en una ciudad dominante en todos los aspectos de la vida nacional; los federales, los nacionalistas y otros afirman que gran parte de la agonía política argentina del siglo XIX se debe atribuir a la indiferencia de Rivadavia frente a las realidades políticas y culturales y a su determinación de destruir o distorsionar su identidad nacional y convertida en una copia de los modelos europeos y que, sólo décadas después, cuando la Argentina creó su propia organización política nacional y la tecnología moderna unió la nación e hizo posible la explotación de la nueva tierra y de los recursos mineros, la Argentina pudo adoptar con comodidad esos elementos extranjeros que quería usar; de cualquier forma, Rivadavia soñó y trabajó para engrandecer su país y actualmente sus compatriotas lo honran con admiración.

jueves, 27 de mayo de 2010


Fundó el Museo de Historia Nacional y una escuela secundaria para varones. Sofocó con firmeza la rebelión de los patricios (Rebelión de las Trenzas) y la de Martín de Alzaga; en 1814, el director supremo don Gervasio Posadas envió a él y a Manuel Belgrano a Europa para pedir ayuda para lograr la independencia de las colonias, posiblemente con protección británica; se vieron involucrados en el proyecto fallido de Manuel de Sarratea para establecer la monarquía independiente de las Provincias Unidas, con Francisco de Paula en el trono; pasó varios años en Londres y viajando por Europa, que se estaba reconstruyendo luego de la derrota de Napoleón en Waterloo; regresó a Buenos Aires, convencido de que Europa no ayudaría a las colonias españolas contra los firmes esfuerzos de Fernando VII por recuperarlas. Fue el ministro predominante en el gabinete de Martín Rodríguez en 1821; estaba resuelto a asegurar el reconocimiento internacional de la independencia argentina, a ubicar a la nación que acababa de surgir de la anarquía (1820) bajo un gobierno constitucional fuertemente centralizado y a institucionalizar y desarrollar su vida política, económica, social y cultural de acuerdo con los modelos y las ideologías de la Europa contemporánea. En los siguientes seis años, obtuvo estos logros: comenzó con una amplia ley de amnistía que permitía el regreso de los exiliados políticos argentinos; aseguró el reconocimiento de la independencia argentina por muchas naciones tales como Portugal, Brasil, Estados Unidos y Gran Bretaña y firmó el tratado de amistad, comercio y navegación con la última; abolió el Cabildo de Buenos Aires como fuente de disturbios políticos a causa de su reciente complicación en los asuntos nacionales; definió los límites de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial; convocó un Congreso Nacional Constituyente (1824) que lo eligió presidente de la Nación en 1826 y elaboró la Constitución de ese mismo año.Con la nueva relación entre el gobierno y la Iglesia aún inestable y la disciplina eclesiástica relajada introdujo una serie de reformas en esa materia que apuntaban a una mayor secularización, incluyendo la abolición de los fueros especiales, de los diezmos y otras contribuciones a la Iglesia; los cementerios pasaron a la jurisdicción civil; creó la Sociedad de beneficencia tomando como modelo la Junta de las Damas de Madrid y secularizó las órdenes monásticas; recibió la ayuda de otros liberales como Manuel García, Cosme Argerich, Manuel Moreno y el aporte financiero de los Anchorena, Lezica, Sáenz Valiente, McKinlay y otras familias poderosas y ricas, tanto criollas como británicas; disponiendo del capital británico, ahora que reinaba la paz y el orden, se dedicó a fortalecer el crédito argentino y a desarrollar y diversificar su economía.En 1822, declaró la autoridad del Estado sobre las transacciones de propiedad privada y tierras públicas; implantó el sistema de enfiteusis de distribución y uso de la tierra; creó el Banco Nacional que gestionaría el préstamo de la Baring Brothers; estimuló la agricultura, la minería, las operaciones bancarias, la cría de ovejas y el comercio; utilizó los préstamos para el programa de obras públicas, en especial para modernizar la ciudad de Buenos Aries; inició la construcción del puerto en Ensenada; mientras tanto, había fundado la Universidad de Buenos Aires y estimuló la enseñanza de las nuevas doctrinas económicas y filosóficas en el Colegio de San Carlos; para acelerar todos los procesos de cambio, trajo a tantos expertos europeos (generalmente contratados) como le fue posible, desde técnicos hasta profesores; alentaba la esperanza de organizar colonias agrícolas para ocupar las tierras vacías y compró barcos para el comercio fluvial

jueves, 13 de mayo de 2010

Estadista unitario que trató de desarrollar e institucionalizar la nueva nación argentina de acuerdo con las ideologías europeas liberales de principios del siglo XIX; fue el primer presidente nacional (1826-1827). Nació en Buenos Aires de padres españoles; estudió en el Real Colegio de San Carlos; se casó con la hija del virrey Joaquín del Pino.Luchó como oficial en la compañía de voluntarios de Galicia contra la invasión inglesa; intervino en la Revolución de Mayo; durante el período siguiente, apoyó las ideas liberales de Mariano Moreno contra las más conservadoras de los partidarios de Cornelio Saavedra; después de la revolución del 5-6 de abril de 1811, en la que estos últimos obtuvieron el dominio del gobierno patrio, Rivadavia fue enviado en misión diplomática a Europa, para pedir ayuda para la independencia argentina; regresó a tiempo para ser nombrado secretario de Guerra del Primer Triunvirato; influyó en la promulgación del estatuto que liberaba al poder ejecutivo del Triunvirato de la autoridad de la Junta Conservadora en la que estaban representados los delegados provinciales; en este demostró su compromiso con el gobierno centralizado y la dominación porteña que caracterizarían sus futuras políticas y las de los unitarios y que trajo la inmediata oposición de los federales y las provincias que resultó en las guerras civiles.

jueves, 6 de mayo de 2010

jueves, 22 de abril de 2010

“La luces de Rivadavia” Don Bernardino había vivido un tiempo en Inglaterra, de donde volvió “henchido de orgullo” como un pavo real. Yerno del Virrey del Pino, le daba una especie de titulo nobiliario y una postura ridícula, y aunque de una cultura regular pero provisto de una palabra rebuscada e inentendible, no tardó en encontrar en estas tierras un séquito de seguidores y admiradores que alimentaban su ego. Sobre la cultura de Rivadavia, la autorizada palabra de José María Rosa dice:Bernardino Rivadavia fue tenido por un hombre culto por sus contemporáneos. Más que por un hombre culto, por un sabio: su mote Padre de las Luces no tenía intención irónica. Casi todos creían en el enorme talento y los considerables conocimientos de Rivadavia: hasta San Martín (por lo menos en 1823), y el mismo Rosas en sus cartas de 1830 y 1834, ambos desconfiados por naturaleza de valores ficticios, reconocen su “vasta erudición”. Entre quienes no creyeron en la cultura de Rivadavia, y llegaron a burlarse inexorablemente del Padre de las Luces estuvieron el padre Castañeda hombre de sólida formación filosófica, y Pedro de Angelis, humanista y erudito a toda prueba. ¿Nuestra opinión?... Rivadavia no escribió un libro, ni dictó una cátedra. Su talento y conocimientos se manifestaron, por lo tanto, en su conversación particular, epístolas, discursos y decretos de gobierno. Nadie ha mencionado una frase feliz o un giro brillante de la conversación de Rivadavia, y sus cartas no pasan de una medianía. Los discursos no revelan precisamente ese enorme talento. En el inaugural de la presidencia, dijo: “...Organizar los elementos sociales que ellos tienen (los Estados) de manera que produzcan cada vez, en menor tiempo, el resultado mayor y mejor. Esto es lo que hay de verdad cuando se dice que se crea, y esto también pone delante de vosotros (los diputados) uno de aquellos avisos de refracción que el Presidente no puede dejar de recomendar el que los señores diputados lo tengan siempre delante de sí, y es el que sólo la sanción que regle lo que existe o para cortar el deterioro o para que produzca todo lo que da su vigor natural tiene efecto, y por consiguiente, obtendrá la autoridad que da el acierto y la duración que sólo puede garantir el bien”. En esta frase se encuentra de todo: anfibología, solecismos, barbarismos, monotonía. Y después de descifrar con trabajo ese aviso de refracción que la Presidencia recomienda a los diputados tener delante de sí, resulta que se reduce a una verdad de Pero Grullo: quitar lo malo y dejar lo bueno. Quedan sus decretos de gobierno. En el Registro Oficial de Rivadavia han encontrado sus admiradores la prueba de sus conocimientos y su afán civilizador. Aunque sea por las tapas. Alguna vez un diputado o senador comparó a Rivadavia con Rosas, por supuesto en beneficio de aquél, por el número de decretos de gobierno producidos por uno y otro. En sus decretos de gobierno, Rivadavia enseñaba de todo: para nombrar a un jardinero con 50 pesos mensuales dictaba una cátedra de botánica en quince artículos cuya parte dispositiva se resume: “las funciones del jardinero son... plantar y cultivar todo árbol de utilidad para paseo, combustible y todo género de combustible; plantar y cultivar todo género de flores, árboles frutales, plantas medicinales, granos, pastos y hortalizas”. (Registro Nacional Nº 1998, tomo II, Pág. 135). Crea una Academia de Medicina y Ciencias Exactas para encargarse de “formar una colección demostrativa de la geología y de las aves del país”: tamaña colección de despropósitos no puede ser más estrafalaria, pero está allí en el decreto del 31 de diciembre de 1823. Y no solamente hace danzar juntas a la medicina, a las ciencias exactas, a la geología y a las aves del país para ilustración de los lectores del Registro Oficial, sino que dicta un Reglamento para la Escuela de Partos, en enero de 1824, dando una completa enseñanza de ginecología y obstetricia: el objeto del primer año de estudios es conocer “las partes huesosas que constituyen la pelvis, el útero, el feto y sus dependencias, la vejiga, la orina y el recto”. En estos decretos administrativos está el sólido pedestal de la cultura de Rivadavia. O nuestros gigantes padres los conocieron solamente por las tapas, como el diputado o senador de marras, o se impresionaron demasiado por la música de las palabras. (extraído de Rosa, J. M. 1969. El revisionismo responde. Ediciones Pampa y Cielo. Buenos Aires) Rivadavia promulgó los más variados y extravagantes decretos, entre otros el que disponía la persecución de perros en Bs.As. porque uno de ellos tuvo el atrevimiento de ladrar el caballo del Presidente, que, siendo mal jinete, dio con su osamenta en el barro. Esto permitió que al día siguiente, barras de chicos se divirtieran recorriendo las calles de Bs.As. en persecución de “perros ladradores de caballos”, sobre todo si eran el “caballo del presidente”. Sus aires de grandeza, su palabrerío, sus ”luces” (y sus admiradores y aduladores) habían logrado que Don Bernardino trepara hasta la secretaría de la Junta de Gobierno, desde donde ejercería su nefasta influencia. Su falta de patriotismo lo llevó a desinteresarse por las luchas emancipadoras, y se dedicó más vale a ordenar la ciudad y a tratar de aplastar a los brutos caudillos del interior. Esto le llevo a tener algunas “diferencias” con varios, entre otros, con Belgrano y San Martin. Después de la vergonzosa paz de Rivadavia con Brasil, aquel se ve forzado a renunciar. Enterado San Martín, le escribe a O´Higgins el 20 de octubre de 1827:“Me dice Ud. no haber recibido más carta mías; se han extraviado, o mejor dicho se han escamoteado ocho o diez cartas mías que e tengo escritas desde mi salida de América; esto no me sorprende, pues me consta que en todo el tiempo de la administración de Rivadavia mi correspondencia ha sufrido una revista inquisitorial la maás completa. Yo he mirado esta conducta con el desprecio que merecen sus autores....ya habrá sabido la renuncia de Rivadavia. Su administración ha sido desastrosa y solo ha contribuido a dividir los ánimos. Yo he rechazado tanto sus groseras imposturas como su innoble persona. Con un hombre como este al frente de la administración no creí necesario ofrecer mis servicios en la actual guerra con el Brasil por el convencimiento en que estaba, de que hubieran sido despreciados” (Altamira Roberto. Op.cit. Museo Histórico Nacional. Piccinali.Op.cit. cap. XII) (JS.p.41)“desgraciadamente en esta cuestión, la conducta del señor Rivadavia desde que fue nombrado Presidente ha tenido la tendencia de acarrear odio y , casi podría agregarse, ridículo a lo que pudiera considerarse una autoridad suprema…; su repentina disolución del ex Gobierno de Buenos Aires …alarmó prematuramente a las otras provincias respecto de su propia suerte y ha determinado que se considerara la cuestión de federalismo o no federalismo, en un momento y de una manera que pudiera hacer muy difícil al Gobierno poner por obra sus planes”. (Informe de Parish a Caninng - Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. H.S.Ferns. p.182)

jueves, 15 de abril de 2010


El 16 de julio de 1882 la Asociación Bernardino Rivadavia - con su Biblioteca popular - se abría a la comunidad de la que por entonces era la pequeña aldea.

La Biblioteca Rivadavia inició el préstamo de libros el 9 de octubre de 1882, a pocos meses de su fundación oficial.

El primer bibliotecario fue Daniel Aguirre. "El Viejo Aguirre" llamaban a este hombre sensible y culto, a cuya previsión se debe hoy tener una importante hemeroteca con diarios de su tiempo.

La época y el momento eran justamente los propicios para este evento. La difusión de las ideas de Domingo F. Sarmiento en pro de la creación de estas instituciones de cultura popular fue un motivo más para que un grupo de visionarios llevaran adelante su idea.

El altruismo de sus fundadores, entre los que se cuentan Daniel Cerri, Leónidas Lucero, Octavio Zapiola, Eliseo Casanova, Felipe Caronti y sus descendientes, entre otros, dio origen a una Institución que transitoriamente funcionó en algunos locales hasta la adquisición de la casa de calle Moreno 86 y más tarde - a partir de 1930 - su traslado a la sede de Avda. Colón 31, donde actualmente funciona.

La magnificencia de este edificio pudo concretarse gracias al legado de Luis C. Caronti y ha sido declarado patrimonio histórico de esta ciudad. Ocupa un solar dentro de la manzana fundacional que no pertenece a ninguna dependencia del estado: nacional, provincial o municipal.

Proyectado y construido entre 1927 y 1930, se pensó con amplia visión de futuro ya que aún hoy - pese a las limitaciones de espacio - puede seguir conteniendo el importante fondo bibliográfico y no bibliográfico que permite hablar de esta entidad privada sin fines de lucro, como la de mayor envergadura, no sólo dentro de la ciudad sino dentro del país.

Ya en su ubicación definitiva, puede asegurarse que a partir de la década de 1930 la afluencia de lectores a la biblioteca ha sido nutrida, especialmente durante los meses del ciclo lectivo. Esto ha permitido destacar la presencia de la juventud en la institución, así como también de niños y adultos que se presentan a consultar obras en sus salas. Así, abiertas sus puertas para todos los vecinos de Bahía Blanca, la biblioteca cumple ampliamente con su misión: crear y difundir el hábito de la lectura.


http://www.abr.org.ar/oldsite/index.htm
Estadista unitario que trató de desarrollar e institucionalizar la nueva nación argentina de acuerdo con las ideologías europeas liberales de principios del siglo XIX; fue el primer presidente nacional (1826-1827). Nació en Buenos Aires de padres españoles; estudió en el Real Colegio de San Carlos; se casó con la hija del virrey Joaquín del Pino.
Luchó como oficial en la compañía de voluntarios de Galicia contra la invasión inglesa; intervino en la Revolución de Mayo; durante el período siguiente, apoyó las ideas liberales de Mariano Moreno contra las más conservadoras de los partidarios de Cornelio Saavedra; después de la revolución del 5-6 de abril de 1811, en la que estos últimos obtuvieron el dominio del gobierno patrio, Rivadavia fue enviado en misión diplomática a Europa, para pedir ayuda para la independencia argentina; regresó a tiempo para ser nombrado secretario de Guerra del Primer Triunvirato; influyó en la promulgación del estatuto que liberaba al poder ejecutivo del Triunvirato de la autoridad de la Junta Conservadora en la que estaban representados los delegados provinciales; en este demostró su compromiso con el gobierno centralizado y la dominación porteña que caracterizarían sus futuras políticas y las de los unitarios y que trajo la inmediata oposición de los federales y las provincias que resultó en las guerras civiles.
Fundó el Museo de Historia Nacional y una escuela secundaria para varones.
Sofocó con firmeza la rebelión de los patricios (Rebelión de las Trenzas) y la de Martín de Alzaga; en 1814, el director supremo don Gervasio Posadas envió a él y a Manuel Belgrano a Europa para pedir ayuda para lograr la independencia de las colonias, posiblemente con protección británica; se vieron involucrados en el proyecto fallido de Manuel de Sarratea para establecer la monarquía independiente de las Provincias Unidas, con Francisco de Paula en el trono; pasó varios años en Londres y viajando por Europa, que se estaba reconstruyendo luego de la derrota de Napoleón en Waterloo; regresó a Buenos Aires, convencido de que Europa no ayudaría a las colonias españolas contra los firmes esfuerzos de Fernando VII por recuperarlas.
Fue el ministro predominante en el gabinete de Martín Rodríguez en 1821; estaba resuelto a asegurar el reconocimiento internacional de la independencia argentina, a ubicar a la nación que acababa de surgir de la anarquía (1820) bajo un gobierno constitucional fuertemente centralizado y a institucionalizar y desarrollar su vida política, económica, social y cultural de acuerdo con los modelos y las ideologías de la Europa contemporánea. En los siguientes seis años, obtuvo estos logros: comenzó con una amplia ley de amnistía que permitía el regreso de los exiliados políticos argentinos; aseguró el reconocimiento de la independencia argentina por muchas naciones tales como Portugal, Brasil, Estados Unidos y Gran Bretaña y firmó el tratado de amistad, comercio y navegación con la última; abolió el Cabildo de Buenos Aires como fuente de disturbios políticos a causa de su reciente complicación en los asuntos nacionales; definió los límites de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial; convocó un Congreso Nacional Constituyente (1824) que lo eligió presidente de la Nación en 1826 y elaboró la Constitución de ese mismo año.
Con la nueva relación entre el gobierno y la Iglesia aún inestable y la disciplina eclesiástica relajada introdujo una serie de reformas en esa materia que apuntaban a una mayor secularización, incluyendo la abolición de los fueros especiales, de los diezmos y otras contribuciones a la Iglesia; los cementerios pasaron a la jurisdicción civil; creó la Sociedad de beneficencia tomando como modelo la Junta de las Damas de Madrid y secularizó las órdenes monásticas; recibió la ayuda de otros liberales como Manuel García, Cosme Argerich, Manuel Moreno y el aporte financiero de los Anchorena, Lezica, Sáenz Valiente, McKinlay y otras familias poderosas y ricas, tanto criollas como británicas; disponiendo del capital británico, ahora que reinaba la paz y el orden, se dedicó a fortalecer el crédito argentino y a desarrollar y diversificar su economía.
En 1822, declaró la autoridad del Estado sobre las transacciones de propiedad privada y tierras públicas; implantó el sistema de enfiteusis de distribución y uso de la tierra; creó el Banco Nacional que gestionaría el préstamo de la Baring Brothers; estimuló la agricultura, la minería, las operaciones bancarias, la cría de ovejas y el comercio; utilizó los préstamos para el programa de obras públicas, en especial para modernizar la ciudad de Buenos Aries; inició la construcción del puerto en Ensenada; mientras tanto, había fundado la Universidad de Buenos Aires y estimuló la enseñanza de las nuevas doctrinas económicas y filosóficas en el Colegio de San Carlos; para acelerar todos los procesos de cambio, trajo a tantos expertos europeos (generalmente contratados) como le fue posible, desde técnicos hasta profesores; alentaba la esperanza de organizar colonias agrícolas para ocupar las tierras vacías y compró barcos para el comercio fluvial.

Durante el período de su presidencia (1826-1827) también hizo frente a la guerra con el Brasil, provocada por las rivalidades en el Uruguay; aunque muchos veteranos de la guerra de la independencia estaban dispuestos a luchar, la guerra fue poco popular y Rivadavia envió a Manuel José García para que negociara la paz; este último se excedió en sus instrucciones y comprometió la posición argentina causando graves problemas a Rivadavia, quien inmediatamente repudió la acción de García; para ese entonces, Rivadavia había acumulado mucha oposición y hasta odios; personalmente, nunca había gozado de popularidad y había enfrentado a líderes como José de San Martín y Juan Martín de Pueyrredón por cuestiones personales; muchos unitarios de las provincias no estaban de acuerdo con su insistencia en el predominio de Buenos Aires y los federales se oponían a esto y a la centralización del gobierno por la Constitución de 1826, que fue firmada pero no ratificada; los católicos se sintieron agraviados por su política religiosa; Tucumán, a las órdenes de Facundo Quiroga, ya había reaccionado y, bajo el lema de "Religión o Muerte", había vencido a las fuerzas pro Rivadavia en Catamarca, San Juan y Santiago del Estero; en 1827, la provincia de Buenos Aires se enardeció por la federalización de la ciudad de Buenos Aires que provocó que aquélla perdiera la capital y el dominio del puerto nacional.
Finalmente en julio de 1827, Rivadavia renunció como presidente y se retiró a su finca en el campo y luego en 1829, alejado definitivamente de la política, partió hacia España; intentó regresar en 1834 pero no le permitieron desembarcar (es bastante irónico que su único defensor en ese momento fuera Quiroga); luego de una breve estadía en Uruguay y una más prolongada en Río de Janeiro, se trasladó a Cádiz, España, donde vivió modestamente y murió en la pobreza; en 1857, sus restos fueron traídos a Buenos Aires y enterrados el 4 de septiembre en el cementerio de la Recoleta con gran ceremonia, en la que participaron Mitre, Sarmiento y Mármol; en 1932 se trasladaron sus cenizas a un mausoleo construido en su honor en la plaza Once de Septiembre (antes llamada Miserere) en Buenos Aires.
La evaluación de la contribución de Rivadavia al desarrollo argentino es un tema aún polémico entre los historiadores como lo fue entre sus contemporáneos; los argentinos unitarios y liberales, como otros estudiosos occidentales, lo consideran una persona con visión, un arquitecto de la nación, aduciendo que la República Argentina se desarrolló sobre los lineamientos proyectados por Rivadavia y que Buenos Aires se federalizó y se convirtió en una ciudad dominante en todos los aspectos de la vida nacional; los federales, los nacionalistas y otros afirman que gran parte de la agonía política argentina del siglo XIX se debe atribuir a la indiferencia de Rivadavia frente a las realidades políticas y culturales y a su determinación de destruir o distorsionar su identidad nacional y convertida en una copia de los modelos europeos y que, sólo décadas después, cuando la Argentina creó su propia organización política nacional y la tecnología moderna unió la nación e hizo posible la explotación de la nueva tierra y de los recursos mineros, la Argentina pudo adoptar con comodidad esos elementos extranjeros que quería usar; de cualquier forma, Rivadavia soñó y trabajó para engrandecer su país y actualmente sus compatriotas lo honran con admiración.

jueves, 25 de marzo de 2010

Bernardino Rivadavia

(1780 - 1845)

Autor: Felipe Pigna

Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino, nació en Buenos Aires el 29 de mayo de 1780. Inició sus estudios en el Colegio de San Carlos en 1798 donde cursó Gramática, Filosofía y Teología, pero no se graduó en ninguna de estas materias, abandonando los estudios en 1803.

Durante las invasiones inglesas. Se incorporó a las milicias con el grado de Capitán en el cuerpo de "gallegos" donde tuvo una destacada actuación. El 14 de agosto de 1809, a los 29 años se casó con una joven muy distinguida de la sociedad porteña: Juana del Pino y Balbastro, hija del octavo virrey del Río de la Plata, Joaquín del Pino. El matrimonio Rivadavia se muda a la calle Defensa 453 donde nacerán sus cuatro hijos: Benito, Constancia, que morirá a los cuatro años, Bernardino y Martín.

Rivadavia participó del Cabildo Abierto del 22 de Mayo y votó contra la continuidad del virrey. Pero no tuvo un rol protagónico en los sucesos de mayo. En el enfrentamiento entre saavedristas y morenistas, tomó partido por estos últimos. Cuando tras meses de enfrentamientos el 22 de setiembre de 1811 fue creado el primer Triunvirato, integrado por Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Manuel de Sarratea; Rivadavia fue nombrado Secretario de Gobierno y Guerra. En el Triunvirato la personalidad política de Rivadavia se impuso desde el primer momento y se tornó protagónica. No pocos compararon al triunvirato con los tres mosqueteros que eran tres pero eran cuatro y el cuarto era el más influyente de todos.

Sancionó e hizo jurar el 19 de diciembre de 1811, el Estatuto, por el cual el Triunvirato se transformaba en la autoridad máxima, disolviendo la Junta Grande. Esto provocó un gran descontento en el interior y le dio un carácter autoritario al Triunvirato. La llegada de San Martín y Alvear a Buenos Aires, en 1812, y la creación de la Logia Lautaro, se convirtieron en un escollo para el poder de Rivadavia, al que se sumaría la palabra y la acción de Bernardo de Monteagudo desde de la Sociedad Patriótica. Todos estos elementos, sumados a las sucesivas derrotas militares sufridas por los ejércitos patriotas, precipitaron los acontecimientos y provocaron la "revolución" del 8 de octubre de 1812, el primer golpe de estado de la historia argentina. Ese día, las tropas de San Martín y otros cuerpos militares, se hicieron eco del descontento popular y derrocaron al primer Triunvirato, reemplazándolo por otro, afín a las ideas de la Logia y la Sociedad Patriótica, compuesto por Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Paso y Antonio Alvarez Jonte.

Tras esta derrota, Rivadavia desapareció por dos años de la escena política, hasta que el Director Supremo, Gervasio Posadas, le encargó en 1814 junto a Manuel Belgrano una misión diplomática en Europa, con el objeto de obtener apoyos para la revolución. El fracaso de la misión fue rotundo. Belgrano regresó en 1816, pero Rivadavia permaneció en Londres hasta 1820.

En Europa tomó contacto con círculos intelectuales, políticos y económicos de España e Inglaterra que le proporcionaron gran parte de su formación y le aportaron importantes contactos que le serían muy útiles en los años venideros.

Tras el tumultuoso año 20 y la caída de las autoridades nacionales, Martín Rodríguez fue nombrado, en abril de 1821, gobernador titular de Buenos Aires con "facultades extraordinarias sin límite de duración", "protector de todos los derechos y conservador de todas las garantías", designó a Bernardino Rivadavia como Ministro de Gobierno, un cargo muy importante equivalente al de un Primer Ministro actual .

En su discurso de asunción decía Rivadavia: "La provincia de Buenos Aires debe plegarse sobre sí misma, mejorar su administración interior en todos los ramos; con su ejemplo llamar al orden los pueblos hermanos; y con los recursos que cuenta dentro de sus límites, darse aquella importancia con que debía presentarse cuando llegue la oportunidad deseada de formar una nación."

Tomás de Iriarte en sus memorias define al gobernador Martín Rodríguez como a "un hombre vulgar, un gaucho astuto que tuvo buena elección de ministros y fue dócil para dejarse gobernar."

Rivadavia había regresado de Inglaterra muy entusiasmado por las doctrinas económicas y políticas vigentes en la capital de la Revolución Industrial.

Allí había conocido al ensayista político Jeremy Bentham y a través de él apreció las obras de Adam Smith, David Ricardo, Bacon, Locke y Newton.

Le decía en una carta a su amigo Bentham" Qué grande y gloriosa es vuestra patria!, mi querido amigo. Cuando considero la marcha que ella sola ha hecho seguir al pensamiento humano, descubro un admirable acuerdo con la naturaleza que parece haberla destacado des resto del Mundo a propósito"

Pero la situación de la Provincia de Buenos Aires difería enormemente de la europea. Aquí no había industrias, ni una burguesía con ganas de aplicar las nuevas técnicas del progreso y mucho menos de arriesgar sus seguras ganancias ganaderas en "aventuras industriales". En definitiva las ideas de Rivadavia que eran las del liberalismo progresista de principios de siglo, no tenían por estas tierras base de sustentación en una clase dirigente muy conservadora y desconfiada de las novedades.

De todas maneras el ministro Rivadavia llevó adelante una serie de reformas que intentaron modificar la estructura del estado bonaerense y hasta la relación de éste con el poder eclesiástico.

En noviembre de 1821 se dictó una ley de olvido para promover la pacificación que permitió el retorno de desterrados como Alvear, Sarratea, Soler, Dorrego y Pagola.

"Es preciso no acordarse, si es posible, ni de las ingratitudes, ni de los errores, ni de las debilidades que han degradado a los hombres o afligido a los pueblos en esta empresa demasiado grande y famosa. Por esto ha pensado el gobierno que obra dignamente proponiendo en esta oportunidad el adjunto proyecto de ley de olvido."

También lanzó una reforma eclesiástica que le traería graves problemas. . Suprimió los fueros eclesiásticos, que permitían a las órdenes monásticas tener sus propias cortes de justicia; confiscó las propiedades de las órdenes religiosas y creó instituciones que competían en áreas de poder e influencia que había sido patrimonio de la Iglesia: fundó la Universidad de Buenos Aires, la Sociedad de beneficencia y el Colegio de Ciencias Morales.

jueves, 18 de marzo de 2010

Bernardino de la Trinidad González Rivadavia y Rivadavia (Buenos Aires, 20 de mayo de 1780 – Cádiz, 2 de septiembre de 1845) fue un político de las Provincias Unidas del Río de la Plata, actual Argentina. Fue Presidente de la Nación Argentina,[1] ejerciendo dicho cargo entre el 8 de febrero de 1826 y el 7 de julio de 1827.

Se educó en el Real Colegio de San Carlos, pero abandonó sin terminar los estudios. En las Invasiones Inglesas actuó como teniente del Tercio de Voluntarios de Galicia. En 1808 Santiago de Liniers lo nombró alférez real, pero este nombramiento fue rechazado por el Cabildo. Asistió al Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810 votando por la deposición del virrey. Tuvo una fuerte influencia sobre el Primer Triunvirato. Poco después ejerció el cargo de Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de la provincia de Buenos Aires.

Aunque ya existía un Congreso General destinado a redactar una Constitución, el inicio de la Guerra del Brasil motivó la creación inmediata del cargo de Presidente de la Nación Argentina, siendo Rivadavia el primero en ocuparlo. La Constitución Argentina de 1826 se sancionó con posterioridad, pero fue rechazada por las provincias. Fuertemente cuestionado por sus políticas unitarias, Rivadavia debió renunciar al cargo, siendo sucedido por Vicente López y Planes, pero al poco tiempo el cargo fue disuelto y pasaron muchos años hasta que se creara nuevamente.

Luego de su renuncia Rivadavia se retiró a España, en donde murió en 1845. Sus restos fueron repatriados a Argentina en el año 1857, recibiendo honores de Capitán General. En la actualidad sus restos descansan en un mausoleo situado en la Plaza Miserere, adyacente a la Avenida Rivadavia nombrada en su honor.